Niños con las enfermedades de papá

p/ Dra. Castiñeira

Los médicos acostumbran a decir que no importan los años que refleja el DNI, sino la edad de las arterias, el corazón o las articulaciones.
Para algunos niños el interior empieza a envejecer antes de alcanzar la adolescencia.
La hipertensión , la diabetes tipo II típica de las personas mayores, los cálculos renales y biliares o los problemas con las transaminasas y el colesterol han dejado de ser rarezas en las consultas de Pediatria.
Detrás de muchos de estos trastornos está el exceso de peso que acumulan los niños españoles. Nuestros pequeños aún no tienen los problemas de los niños estadounidenses, pero preocupa cómo aumenta la obesidad infantil. Hace 20 años sólo el 3% de los niños españoles tenía sobrepeso, hoy esta cifra se ha multiplicado por tres en el caso de las niñas y por siete en el de los niños. La ganancia de peso empieza en los primeros años de vida. A partir de los 3 – 4 años se empiezan a diferenciar del peso de otros niños europeos del entorno y empieza a parecerse más a los americanos de EE.UU. y México. Cuando llegan a los 12 años las diferencias respecto a los europeos son aún más importantes. Si no se ataja, estos niños duplican su riesgo de convertirse en obesos en la edad adulta.
Los kilos de más en España ya se han traducido en una aparición precoz de la diabetes tipo 2, también conocida como diabetes del adulto. El propio ministro de sanidad, ha advertido de que la enfermedad se estaba disparando en todas las edades. Y mostraba con preocupación un dato: la diabetes tipo 2 se está detectando a edades tan tempranas como los 12 años. Los estudios que maneja el Ministerio de Sanidad indican que el 10% de la población infantojuvenil tiene niveles de azúcar en sangre preocupantes.
DIABETES DEL ADULTO.
La obesidad es uno de los responsables más poderosos de la aparición de la diabetes tipo 2. Había sido una enfermedad de adultos hasta que empezaron a ganar peso los niños. Ahora no es un problema excepcional en España, pero tampoco llegamos a las cifras de los estadounidenses. Lo que preocupa a los pediatras es el ascenso dramático de la obesidad y su efecto en la salud al alcanzar la edad adulta. El 90% de las patologías del adulto están relacionadas con el sobrepeso, desde problemas tan graves como el cáncer a otras más banales como el estreñimiento.
ARTERIAS ENVEJECIDAS
La salud del corazón se fija en la infancia. Las arterias de los menores más obesos acumulan placas de grasa que les hace más propensos a sufrir un ataque al corazón o un infarto cerebral a edades tan jóvenes como los 30 y los 40 años. Los análisis de muchos de estos pequeños recuerdan a los de cualquier mayor, con transaminasas disparadas, niveles altos de colesterol “malo” (LDL) y bajos del “bueno” o (HDL). Detrás de estas cifras hay demasiada comida precocinada y chucherías, pobres en nutrientes y ricas en sal y grasas saturadas.
La tensión arterial también se ha convertido en una prueba necesaria y útil en las consultas de Pediatría. La hipertensión infantil ha aumentado en las dos últimas décadas, vinculada a la epidemia de obesidad y al sedentarismo de nuestros escolares. Se estima que un 5% de los niños y adolescentes tienen un riesgo elevado de tener la tensión a niveles poco saludables. Este dato suele subir más al entrar en la adolescencia.
En la hipertensión no sólo cuenta el exceso de peso sino la presencia de sal, un aditivo natural que incorpora en exceso la comida preparada. Aumenta la tensión de las arterias y la presencia de cálculos renales.
Para gran sorpresa de muchos padres, las “piedras “ en el riñón se diagnostican a edades tan tempranas como los 5 o los 6 años.
Aunque no existen estudios formales sobre el número de casos, la impresión de los urólogos y nefrólogos es que están aumentando en los pacientes más jóvenes. En EE.UU., incluso algunos hospitales han abierto unidades específicas para el tratamiento de este trastorno. En los años 70 – 80 diagnosticar a un chico con una piedra en el riñón era excepcional, ahora la presencia de chicos en las consultas no es inusual. La misma impresión se tiene en los hospitales españoles, se ha pasado de ver dos casos al año a ver una docena.
En China muchos niños que bebieron leche contaminada con melamina, una sustancia química contaminante, desarrollaron cálculos renales, Aquellos casos fueron el resultado de una adulteración con un producto químico. Pero en los países occidentales, la presencia de cálculos renales está más relacionada con un aditivo legal, la omnipresente SAL.
El exceso de sodio debe excretarse a través de los riñones, pero la sal se une al calcio en su salida, creando una gran concentración de calcio en orina y en los riñones. El exceso de sales llega con la comida, las chucherías saladas, las comidas precocinadas y por el consumo de productos enriquecidos con calcio. Y también por el consumo de bebidas isotónicas pensadas para deportistas que se han convertido en un refresco para muchos chavales.
Los pequeños también tienden a beber poco agua. No porque no les guste sino porque no tienen tiempo en el colegio, sus visitas al baño están reguladas para no afectar a las clases pero lo cierto es que a veces sólo beben durante las comidas.
Beber agua es la mejor forma de prevención, una medida que deben tener en cuenta los chicos con antecedentes familiares de cálculos renales.

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