O Larache

p/Manuel M. Caamaño
A Compañía Trasatlántica Española mandou sair do porto da Coruña ao vapor “Coruña” a bordo del ia un comisionado da empresa coa encomenda de facilitar o desprazamento as súas casas aos náufragos superviventes do naufraxio do “Larache” que tiña acontecido o día 23 de xuño do 1908 ao tocar nas pedras de Ximiela, a escasas catro millas de Monte Louro. Este empregado da compañía a volta de viaxe fai un relato detallado de todo canto viu e viviu en Muros nos dous día seguintes á traxedia.
Como é un pouco largo todo o texto, e para que non sexa aburrida a súa lectura, vouno partir en tres anacos que iremos publicando nos próximos numeros do TMT. Recoméndovos a súa lectura polo valor histórico que ten e pola implicación de Muros e das súas xentes en tan tráxico suceso.
Picture21Teño que dar o meu mais sincero agradecemento a Don José Manuel Silva, que foi o que puxo nas miñas mans tódolos papeis, dictámenes, dilixencias xudiciais, flete do vapor “Coruña”, Obxectos recuperados do naufraxio, ofrecementos das compañias de salvamento, Protesta do segundo oficial do “Larache”, reclamacións feitas a compañía por algún familiar das vítimas e a lista completa do pasaxe e da tripulación.
O texto que agora comeza é transcripción literal do texto original. Os espazos marcados con XXXX están ilegibles no original.
Relato detallado del vapor “CORUÑA”, que salio de La Coruña el 24 de junio de 1908 para Muros, con intención de recoger los náufragos del vapor “LARACHE” de esta Compañía, -perdido en el bajo Ximiela en la tarde del 23 del mismo mes-, estancia de dicho vapor “CORUÑA” y regreso a La Coruña el 26 del repetido mes.
Convenido entre D. Antonio S. de Movellán y D. Dionisio Tejero Pérez, armador del vapor “CORUÑA” (ex “Huascar”, de la “Booth Line”), el fletamento de éste para un viaje cuyo objeto habría de ser el ir a recoger los náufragos supervivientes de la desgracia indicada, al paso que llevar fondos para atender a las primeras necesidades que el cuidado de las mismos exigiese; unas dos horas después de acordado lo dicho por el citado Jefe, me embarqué por orden suya en el “CORUÑA”, su capitán el expertísimo marino D. Casimiro Piñole, saliendo de este puerto el 24 a las 6.50 tarde (t.m. Greenwich), para Muros, llevando órdenes de reconocer los alrededores del Ximiela, para cuando pasásemos cerca de él por si se veían cuerpos u objetos dignos de nuestra solicitud.
Durante todo el viaje de ida, reinó fuertísima marejada con viento de NE., influida además por las variadas corrientes existentes en toda ocasión en esta parte de la costa de España, separación entre el Cantábrico y el Atlántico; a pesar de ello, gracias a la pericia, casi proverbial en estas regiones, del Sr. Piñole, demostrada plenamente en la ocasión de referencia, al buen trabajo del piloto D. Ramón Morán y a que el maquinista D. Antonio Álvarez, por no dispones más que un fogonero de ocasión (pues el buque salió de Coruña para ganar tiempo, sin que le fuese dable tomar la tripulación que verdaderamente necesita) estuvo toda la noche en la máquina, sin poder descansar un momento (lo propio que el Sr. Capitán en el puente) el “CORUÑA” cumplió como muy bueno, pues tenida cuenta de la hora de salida de este puerto, del mismo muelle en que el buque estaba atracado, a las 12.55 de la madrugada del día 25 doblábamos el cabo de Finisterre, resultando por tanto un promedio de marcha de más de 10.5 millas por hora. Doblado el citado cabo, el Sr. Piñole mandó moderar máquina, pues nada conseguiríamos (al objeto de examinar de paso los alrededores del Ximiela) llegando cerca del sitio en que naufragó el “LARACHE”, a las dos y pocos minutos de la madrugada. XXXXXXXXXX dejado ya atrás por babor el Ximiela, y antes, al grupo de los Meixidos, habiendo efectuado aquel trayecto a marcha moderadísima por las razones más arriba apuntadas, sin que hubiésemos visto cosa alguna que nos llamara la atención, al objeto perseguido, pero sin que se pueda responder de si, a la relativa proximidad del lugar por nosotros recorrido, había o no, pequeños objetos que flotasen, puesto que la hora poco a propósito y la ligera calima levantada entonces, general en esta estación y en el sitio recorrido, no nos permitían precisar hasta tal punto nuestras observaciones.
A cosa de las 4.45 de la madrugada del 25 anclamos en el fondeadero de Muros, y pocos minutos después entró a bordo D. Juan J. Louro, Consignatario de D. Dionisio tejero en Muros, persona de gran prestigio en la población, y alcalde que era de la muy noble, leal y humanitaria villa cuando la perdida del crucero “CARDEVAL CISNEROS” en los bajos Meixidos, antes citados. El capitán dio varias pitadas para prevenir debidamente a la villa y sus huéspedes accidentales por efecto de la desgracia que lamentamos, y a los pocos minutos tuvimos la satisfacción de abrazar al 2º Oficial-sobrecargo del “LARACHE” D. Juan José Villalobos, quien, sin pérdida de momento, al oír nuestro aviso, saltó del lecho para venir inmediatamente a nuestro encuentro. Por dicho Sr. Oficial nos enteramos de lo que él sabia de la pérdida del “LARACHE” y de las circunstancias en que acaeció, que renuncio a describir puesto que ya las ha expresado en la protesta que, por su propio impulso, y además siguiendo órdenes al efecto de la delegación de Cádiz, hizo ante el Sr., Juez de Instrucción de Muros. Siendo mi misión la de visitar, escuchar y atender a los náufragos salvados, y a todas aquellas personas que pudieran orientarme por su saber, o por sus virtudes, o por ambas cualidades a la vez, paso a referir lo que con mi cometido se relaciona.
Acompañado de los Sres. Louro y Villalobos, mi primera visita, así como más tarde la primera del capitán Sr. Piñole, fue para el Sr. Ayudante de Marina de Muros, pero nos contestaron en su casa que estaba descansando, y que ya le veríamos mas tarde en su oficina. Siendo así, nos dirigimos a la casa donde se alojaron a las distinguidas señoras Dª. María Laplacette de Soba, y su hija la Srta. Mercedes Soba y Laplacette, porteñas de nacimiento, esposa e hija de D. Antonio Soba, natural de XXXXXXX naufragio con otras dos hijas, las Srtas. Teresa y Beatriz, y su hijo Omar, niño de 9 años. Con esta familia, iba su primo carnal, del marido, D. Francisco Soba, salvado, recogido entre los que en un bote del buque perdido, arribaron en la tarde del día del siniestro a Puerto del Son. Conmovedor cuadro ofrecían las pobres madre e hija, abrazadas estrechamente, sin que se separaran un momento, y conmovió hondamente al que relata, como también a la mayoría de las personas entonces presentes que, entre sollozos desgarradores dijera Dª. María, después de saber “ya por referencias anteriores que eran personas de muy buena posición, que: “deseo saber como hemos de arreglarnos para el regreso, puesto que yo” quiero regresar en buque de la Compañía”. Débese advertir que ellos, su esposo y familia, no tomaron billete de ida y vuelta, ya que pensaban pasar una larga temporada en España, y otros países de Europa; solo llevaba tal clase de billete, no en 1ª como ellos, sino en 2ª, su primo, el citado salvado D. Francisco Soba. Traté de calmar en lo posible el desconsuelo de Dª. María y de su hija, prodigándolas en nombre de nuestra querida Compañía, toda suerte de frases de consideración altísima, y de verdadero afecto que su desgracia, que era nuestra, acrecentaba, y abrigo con bastante motivo el convencimiento de que conseguí en gran parte mi objeto, pues desde aquella, nuestra entrevista, he tenido la satisfacción de ver pintada en el semblante de madre e hija, singularmente de aquella, una gran resignación, y solo frases de atención, sin queja contra la Compañía, me han expresado tan desdichadas y simpáticas señoras. En virtud de instrucciones de D. Antonio s. Movellán, inspiradas, como es natural, en los nobilísimos de nuestro amado y respetadísimo Sr. Presidente, hube de prometer a los náufragos, pasajeros, sin distinción de clase que, a cada uno según sus necesidades y a prescripción, no rigurosa, pero sí aproximada de lo que en realidad mereciera partiendo del criterio de suma bondad que acabo de apuntar, se le colocaría en el lugar de su destino, no en el puerto a que se dirigía, sino el del lugar o aldea de su residencia, término del viaje que había emprendido y que desgraciadamente, no pudo realizar. En este principio caritativo se basa cuanto hice y traté de hacer en Muros: primero, como se deduce de lo apuntado, lo comuniqué a la Sra. Viuda de Soba, y después a los restantes náufragos.

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