p/ Manuel Mª Pena Silva

 Versos temperamentais
empurrados sen mesura,Imagen2.png
estrofas con mordedura
encirrada por demais.

Diferencias persoais

disparan temperatura,
chanta a rabia dentadura
libre de cargas fiscais.

Sedentos de abeberar,

coma mastíns desbocados,
os seus caninos cravados
no torrente xugular.

No torrente xugular

mil rancores renovados… 

 

(Rioderradeiro)

 

Imagen2.png

Publicado el por themurostimes | Deja un comentario

p/ Marcelino García Lariño

O Señor Anacleto, Cletiño do Eixo como era coñecido, non sería senón que era, o home máis sensato, máis intelectual, prudente e discreto que había no lugar, na parroquia e incluso na bisbarra. Non tivera estudios, que naquel tempo só o podían ter as familias podentes;Imagen5.png e non é deshonra ningunha dicir que a del non o era; pero tampouco eran pobres de solemnidade, era unha familia labrega e algo gandeira, acomodada, que se vía ben coma tantas que había naquela tempada por algures. Os do Eixo tiñan a sona, ben acreditada e merecente por certo, de seren xente prudente, razoable e de ben. Pero de toda a parentela era o Cletiño o máis axuizado e cabal.

Cletiño do Eixo, en máis de unha ocasión fora elixido polos seus conveciños para pedáneo do lugar; pero el moi humildoso sempre e de todo ben ser, rexeitou acotío ese e outros cargos que a veciñanza lle ofrecía. Mais iso non lle privaba para que ós domingos, á saída da misa parroquial, os fregueses quedasen pasmadiños no adro escoitándoo falar, que ata o señor abade dicía del que se soubese latín e fose crego non tardarían en facelo de bispo para arriba. Daba xenio oílo falar, non había mellor orador nin  predicador nin parlamentario que o fixera como el. Era, como dicían os seus paisanos “un vindeover”.

Para que vexades a elocuencia e facilidade verbal deste intelecto, basta e sobra dicirvos que en certa ocasión viñera un ilustre catedrático de medicina a dar una conferencia ó Pósito da Irmandade de Labregos e Gandeiros da parroquia. O señor catedrático, xusto é dicilo, falar, o que se di falar, falaba coma un libro aberto e con coñecemento de causa. Gustara moito.

Pero ó final do discurso houbo un coloquio no que tamén tomou parte o noso Cletiño convidado polo presidente da devandita irmandade. ¡E meus homes! O profesor falaba ben, xa o dixemos, pero o noso Cletiño… ¡comíalle as papas!; que oratoria, que facundia, que retórica. Unha cousa é dicilo e outra é velo e escoitalo. Cando xa deixou ó afamado do señor catedrático fóra de xogo foi cando este lle pediu a súa opinión sobre os adiantos e progresos da ciencia da medicina. Entón o señor Anacleto (Cletiño do Eixo), con esa grandilocuencia oratoria que o caracterizaba, moi pousado, moi dono de si mesmo e con moi bos modais, contestoulle:

–Señor catedrático: Os médicos de antes chegaron incluso a saber de que morría unha persoa; mais os médicos de agora, con tantos adiantos e progresos, non saben nin sequera de que a mataron.

 

Publicado el por themurostimes | Deja un comentario

Un visitante de Muros, -Don Lorenzo Ayeste Daguerre-, escribeu en setembro de 1931, no diario “El Compostelano”, unha sentida loa a Muros que reproducimos en TMT.

ANTE LA BAHIA AZUL

Tersa, luminosa, rica en pesca y en matices, sin el más leve estremecimiento, coloración azul como un lago; este es el aspecto habitual de las aguas Imagen1.pnglos días de sol, y de ambiente diáfano y calmo. Cuando el tiempo se torna tristón y la atmósfera se estremece con vientos del 1º y 2.° cuadrantes, el paisaje se muestra más serio, la gran masa de agua se vuelve gris, y el enorme espejo azul se quiebra agitándose en numerosos montículos cónicos que hacen balancear las embarcaciones pero sin temores de peligro. El menos diestro en asuntos de mar, puede dormir tranquilamente a bordo del bote más sencillo anclado en la batan un día de temporal, como yo duermo en mi cama.

 NOCHE DE LUNA

Noche de luz, noche de poesía, silenciosa y clara. La noche mediada; en creciente la luna; sur flojillo agradable y tibio, como una caricia de la bahía, como una promesa de amor. Estrenos nubosos tenues y opalinos velan por momentosImagen2.png et creciente lunar próximo al plenilunio, filtrando la plata de su luz. Extensos claro oscuros, suaves y delicados que apenas tiemblan en las aguas dormidas, desgranan en guirnaldas luminosas en plateada luz. Reverbera la luminaria de Muros en la bahía. En la lejanía palpita el motor de una lancha. Y la luz de la lancha titilaImagen3.png en el mar. Las luces del puerto, la azul y roja tiemblan también en las ondas, y son como esos fuegos de artificio que en las  noches de estío tibias y serenas penden en el aire quietos come farolillos venecianos de policromada lucería. Los monstruos montañosos de la bahía Cruz de Pelos y el Tremuzo, aparecen esfumados en la luz filtrada, tendidos borrosos, sin costras rocosas ni graciosas curvas, descansando del peso secular de sus moles, corno cetáceos gigantes en la plácida noche en el espejo de la bahía. Y Muros en la noche lunar tibia y silenciosa descansa tranquilo de las faenas del mar en el regazo de Oroso.

MUROS ES UN PUEBLO DE RUISEÑORES

En Muros canta todo el mundo. Cantan los hombres, cantan las mujeres, cantan los niños.. y cantan bien. Nada importa que se torne gris ‘y borrosa la espléndida decoración marina, ni que aumente o disminuya la pesca, ni se empañe el cristal azul de la bahía con vientos y aguaceros. La gente canta, y sus cánticos hablan de añoranzas y de amores, bravíos unos, suplicantes otros, piadosos muchos picarescos también. Coplas entonadas melódicas, concertadas. Coplas en gallego, coplas en castellano y en vascuence y en italiano.

En la mar se crían peces

en la orilla caracolesImagen4.png

y en la ría de Muros

muchachitas como soles.

 Eime de casar en Louro

 en Louro c’unha Louriña

nosa Señora de Louro

ha de ser mina madriña

Declina la tarde. Tras el Oroso se ha puesto el sol. En la dársena los barquichuelos que vienen de pescar, arrían presto las velas, como pudieran plegar las alas las gaviotas cuando se posan en el mar. Ha dejado de palpitar el motor de una lancha. Se oye el rítmico jadeo de las motoras enfilando el puerto. Vienen de Louro, de Corrubedo, de Insua, de Finisterre… Un grupo de marineros pasa por la carretera camino de sus casas pantalón de mahón, el pecho al aire, la boina vasca de vuelo, desnudos los pies algunos, calzados otros con las altas botas de mar, en el brazo la ropilla de agua, y en la mano el cestillo del pescado. Y pasan cantando. En Muros canta todo el mundo. Cantan los hombres, cantan las mujeres, cantan los niños… y cantan bien.

Y hasta las gaviotas no tienen las notas agudas y estridentes de las gaviotas de otros sitios, ni el grito de alarma del <mazarico> tristón y temeroso en la noche oscura es anuncio de borrasca, sino más bien un arrullo de ternura y un suspiro de amor.

 Lorenzo Ayeste Daguerre

 

Publicado el por themurostimes | Deja un comentario

p/ Francisco Carantoña Dubert

Las cartas que desde Muros dirige Jovellanos a lord Holland poseen especial interés y coronan una correspondencia rica en observaciones humanas y Imagen2.pngpolíticas, iniciada el 16 de agosto de 1808, con Jovellanos recién liberado de su injusto cautiverio en Mallorca, y que don Julio Somoza reuniría en dos sustanciosos volúmenes.

Lord Holland, amigo de Jovellanos desde que ambos se conocieron en Gijón en 1792, sentía por don Gaspar hondo afec­to, y aunque como británico tenía un sentido peculiar de la polí­tica, en el que predominaban los impulsos del interés de su país, en lo cual tampoco Jovellanos dejaba de sentirse comprometido a su manera, al tratar de cuestiones doctrinales o de carácter general uno y otro solían coincidir.

Lord Holland, cuando Jovellanos estaba cautivo en el cas­tillo de Bellver llegó a concebir un arriesgado y novelesco plan para liberarle, que debería llevar a cabo, nada más y nada menos, que el almirante Nelson.

Desde Muros le habla Jovellanos a lord Holland de política y también de sus melancolías y desdichas. Vuelve a sonar la oferta de una posible ayuda británica para que el gijonés mar­chase a Canarias pasando por Londres, si la situación española empeorase demasiado, y también se traslucen en esas cartas, como en otras dirigidas a distintos destinatarios, preocupaciones económicas, que en algún momento angustiaron al ilustre astu­riano refugiado en Muros.

«Va a partir de aquí un barco con carga de sardina y dirección a esa isla [Canarias] y en él don Bernardo Cendón, vecino de esta villa y uno de los sujetos a quienes mi amada pareja, Camposagrado, y yo hemos debido en ella más favor y compañía.»

El barco no parte, sin embargo, hasta el 2 de enero de 1811, y en esa fecha llegan a Jovellanos noticias de Asturias, en las que se dice que los franceses han evacuado ya el Principado. Imagen3.pngY pro­sigue Jovellanos en su añadido a la carta para el marqués de Villanueva del Prado.

«Añádese que han saqueado y quemado Gijón, Oviedo y Avilés, y es decir que no me habrá quedado donde reclinar la cabeza, y sin embargo, si el gobierno no me llamare, no será Cádiz sino Gijón mi refugio».

Es necesario insistir en el agobio económico que Jovellanos sufría, al no llegarle los sueldos a que tenía derecho. El 16 de mayo de 1810 le escribía al conde de Ayamáns:

«La suerte de todos es harto desgraciada; la mía, aunque si cae Asturias quedaré reducido a una absoluta indigencia, no lo es tanto, porque ni mi ánimo está abatido en ningún grado ni puedo temer que en estado alguno me falten recur­sos para vivir. Por ahora vivo de los socorros que debo a mi heroico Domingo, que me prestó dinero para el viaje; pero, no teniendo aquí orden para percibir los sueldos, habré de acudir a otra caridad, y lo haré sin empacho, porque la pobreza honrada no debe avergonzar, como no recelo de no de hallarla, porque no puede faltar al hombre de bien».

(El Domingo a que se refiere Jovellanos es don Domingo García de la Fuente, su mayordomo, que le prestó en Cádiz doce mil reales para queImagen4.png pudiera viajar. Domingo García se reunió con su señor en Muros, durante el mes de agosto de 1810).

Jovellanos llegó a Muros con un pequeño grupo de viajeros entre los que estaba su íntimo amigo Pachín, es decir, Francisco Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, la esposa de éste, Jacoba, y su capellán y mayordomo, Antonio García Arango, satisfecho éste por no haber terminado en las entrañas de una tolina -en muradano, arroás- en el temporal famoso.

La marquesa se encontraba a tratamiento medicinal de baños fríos de tina, que debían ser largos, según se deduce de alguna carta jovellanista. Cuando el grupo olvidaba las inquietu­des, Jovellanos y sus amigos buscaban honesta distracción. «La marquesita toma sus baños fríos de tina, y los demás seguimos otra vez nuestro tenor de vida en esta situación obscura pero tranquila», escribe Jovellanos a la marquesa de Santa Cruz de Ribadulla.

«Ahora, a favor de la bella estación, hacemos pequeñas expediciones por estos hermosos campos», le dice a su amigo Verí en otra misiva. El tiempo también da que hablar:

«Vimos ayer en el cielo dos hermosas y grandes palmas, que formaban una nube, dividida y arrastrada por el Nordeste…», dice Jovellanos al chancearse de los presagios que algunos atribuyen a los cometas, y de las interpretaciones abigarradas que otros le dan a los fenómenos atmosféricos, en otra carta a la marquesa.

Fue buena distracción para Jovellanos en ese periodo el viaje que hizo al pazo de Santa Cruz de Ribadulla, en mayo de 1811, donde pasaría siete semanas, y de donde regresaría a Muros para preparar el tan deseado traslado a Gijón. Con ocasión de esa excursión también pasó varios días en Santiago, y Somoza sospecha que quizá hubiera hecho entonces una descripción de la basílica compostelana, semejante a la que en otros tiempos había hecho de la catedral de Mallorca.

Jovellanos tenía relación con los marqueses de Santa Cruz de Ribadulla antes de su visita al pazo. Su correspondencia lo prueba. En setiembre de 1810 hace el gijonés un curioso acuse de recibo:

«La pollina llega precisamente cuando otra que acá teníamos se despedía por falta de leche. ¿De qué gracias, pues, no somos deudores a usted por tan delicada fineza?.

El animalito y su cría serán tratados con todo el cuidado que merecen por su origen y su objeto, y cuando le hayan cumplido, volverán a casa de usted…»

Después del viaje a Santa Cruz de Ribadulla le llega a Jovellanos una noticia especialmente dolorosa, la que anuncia la muerte de Juan Arias de Saavedra, con quien había tenido rela­ciones que pudieran llamarse filiales. Fue un duro golpe, cuya intensidad evalúa Ceán con esta palabras:

«Estoy admirado de que don Gaspar pudiese sobrevivir más de un año a un padre, a quién obedecía en todo res­petuosamente, y a quien amaba y debía amar con tanto afecto como al propio y natural».

Pero también había pequeños motivos para el regocijo. En el mes de junio de 1811, por ejemplo, un armador de Vigo le escribe a Jovellanos pidiéndole permiso para bautizar con el nombre de El sin igual Jovellanos una embarcación de 150 toneladas, que navegaría pronto al corso, «…con ocho cañones de a seis, bajo el mando del piloto muradano don Ramón de Santiago».

Jovellanos responde con esta carta que refleja perfecta­mente su carácter:

Muros, 30 de junio de 1811

Muy señor mío y de toda mi estimación: Con el más sin­cero aprecio recibo la honrosa carta de usted de 24 del corriente, en que, dándome un nuevo y distinguido testimonio del afecto que me profesa, me manifiesta el deseo de matricular su nueva fragata poniéndole mi nombre, y ensalzándole con un título, que no sólo no puedo admitir, mas ni me deja repetir la modestia.

Correspondería yo muy mal al buen afecto de usted, y a los sentimientos del mío si no condescenImagen5.pngdiese con la primera parte de su deseo. Llámese enhorabuena la fragata Jovellanos, ya que en ello se complace usted, y hágala Dios más afortunada de lo que anuncia este apellido; pero permítame usted que no consienta en manera alguna que se añada a él un dictado que usted no pudiera aplicar sin nota, ni yo admitir sin escándalo.

De esta manera, y con esta limitación; al mismo tiempo que usted satisfaga su tierna y generosa inclinación hacia mí, podré yo sin escrúpulo responder a ella con el más ínti­mo y sincero reconocimiento, y extenderle al señor don Ramón de Santiago, por la parte que se ha servido tomar en tan señalado favor; y usted, mi buen amigo, asegurán­dose de la pura satisfacción con que recibo esta nueva prueba de su fina amistad, mándeme, en fe de ella, cuanto quiera, cierto siempre de mis más vivo deseo de compla­cerla y servirle, y de que nuestro Señor guarde su vida muchos años, como le ruego.

Gaspar de Jovellanos.

Llegaba el fin de la estancia de Jovellanos en Muros. No era seguro que los franceses hubiesen sido alejados para siempre de Asturias, paro ya había alguna estabilidad en el Principado, la Memoria en defensa de la Junta Central estaba terminada y en manos de un impresor de La Coruña, que llevaba a Jovellanos por la calle de la amargura con sus retrasos. Cádiz, con sus luchas políticas y sus intrigas, no era lugar para él… Jovellanos, pues, según dice Ceán en la biografía de su maestro: «se despide con ternura y agradecimiento de los caritativos muradanos, sus generosos bienhechores y sale por tierra de aquella villa el 17 de julio de 1811, dirigiéndose primero a La Coruña, donde abrazó a su sobrino, don José Cienfuegos, coronel de artillería en aquella plaza, en cuya compañía estuvo diez días». Su estado de ánimo queda reflejado exactamente en la carta que desde La Coruña escribe a lord Holland el 23 de julio:

«Por fin, mi respetable amigo, escribo a usted desde La Coruña, de camino para Gijón. La Providencia me abrió otra vez la puerta de mi casa y la proporción de seguir el propósito con que salí de la Isla de León hace diecisiete meses. Con esto me he separado dolorosamente de mi amado Pachín, que el 5 de este mes se embarcó para Cádiz, donde le suponemos desde el 8. El es mozo y militar, y cualquiera situación fuera de las filas, sobre desairada, le sería violenta. Yo, viejo y estropeado, sólo debo pensar en esconderme de los hombres que tan mal me han tratado; y pues que en nada puedo servir a la patria, menguar el número de los que, embarazando al gobierno, la dañan. Tomé esta resolución con mejores apariencias de seguri­dad; hoy no son ya tan ciertas. La célebre batalla de Albuera no ha tenido las ventajosas consecuencias que se esperaban. Asturias quedó evacuada, pero sin defensa. Los enemigos la dejaron, pero se están a la falda de sus mon­tes. Tendré, pues, que estar con un pie en la tierra y otro en la mar; pero, al fin, gozaré un poco de aquel reposo que sea posible en estos días de turbación y angustia, y de que no he podido gozar en tanto tiempo acá.

Me avergüenzo de no poder enviar a usted mi Memoria ofrecida tantas veces; y me avergüenzo, no por mi, sino por mi nación. ¿Cómo creerá usted que, empezada a imprimir desde abril, no está aún en la mitad?. Tal es el estado de nuestra tipografía, sin contar con su carestía y con sus otras imperfecciones. Mi sobrino, que cuida de ella, enviará a usted uno de sus primeros ejemplares por medio del Sr. White, que se halla aquí.

Este mismo caballero me ha ofrecido una carta que acredita la recomendación de Milord Liverpool debida a la buena amistad de usted, para que los cruceros ingleses me reci­ban, si alguna orden del gobierno o desgraciada casualidad me forzare a dejar otra vez a Gijón. Si tal no sucediere, mi propósito de vivir y morir allí será tal inalterable como mi amistad y reconocimiento a usted. Mi respeto a la amable Milady y mi consideración a nuestro Mr. Allen a quienes saludo con el más fino afecto, quedando de usted fiel y fino amigo».  Jovellanos.

Jovellanos sale de La Coruña por tierra el 27 de julio. Llega a Gijón el 6 de agosto, y es objeto de una acogida memo­rable. Su sosiego dura poco. El seis de noviembre debe huir de nuevo ante otra amenaza de los franceses.

Su barco debe entrar, en una trágica y definitiva arribada forzosa, en Puerto de Vega, cerca de Navia.  Allí, el 28 de ese mes, fallece Don Gaspar Melchor de Jovellanos.

Las Cortes de Cádiz, el doce de enero de 1.812, le declaran «benemérito de la Patria». Ciento ochenta y un años después su memoria perdura como ejemplo de español noble y creador, que puso siempre los intereses generales por encima del benefi­cio propio y de la mezquina ambición. Nosotros, los muradanos, seguimos reconociéndonos en el talante de aquellos antepasados nuestros que supieron ofrecerle en horas de dificultad y angustia acogida fraternal.  Nos reconocemos en su talante y nos sentimos orgullosos de descender de ellos.

 

Publicado el por themurostimes | Deja un comentario

p/ César Lorenzo Gil

Non vai falar este artigo de programas de televisión; só de cores de pelo. En galego temos un vocabulario propio para definir o abano cromático que acotío se encontra na cabeleira humana e animal pero desde hai uns anos, por mor da iImagen1.pngnfluencia do castelán, xurdiron dúbidas ou incluso malos usos que condenan ao esquecemento as formas propias.

Rubio: O meu pai é o Rubio de Cequeliños. Tamén lle chaman o Paxariño pero ese é un alcume que herdou do meu avó Antonio, que seica pasaba o día a asubiar. Meu pai hoxe está careco e os pelos que lle quedan están brancos coma a neve. Mais en tempos tiña o pelo dourado. O meu pai non era rubio, en definitiva. Porque o adxectivo rubio en galego define as persoas co pelo avermellado ou ben cunha cor que oscila entre o dourado e o acastañado. Esta é a cor ideal para traducir o castelanismo pelirrojo. No caso dos animais, o pelo rubio é ese ton acastañado vivo, tirando ao vermello, que leva a vaca rubia galega ou algúns cans das razas británicas: settler, cocker, algún golden retriever.

Roxo: Aínda que pode ser sinónimo de rubio, e polo tanto tamén podemos usalo para substituír pelirrojo, a cor roxa tamén pode definir en galego unha tonalidade de vermello máis vivo, tirando á cor laranxa e incluso o cabelo da cor do ouro.

Louro e loiro: Meu pai non chegou a roxo porque o amarelo da súa cabeleira era un dourado máis claro. Para ese ton usamos en galego louro. Esta é a forma máis axeitada para substituír o que en castelán chaman rubio. “La ciudad con más mujeres de pelo rubio de España es Sevilla”. “A cidade con máis mulleres de pelo louro de España é Sevilla”. Segundo o Dicionario da Real Academia Galega, o adxectivo louro tamén define a cor da castaña moi madura, é dicir un matiz do granate. O Estraviz diferencia louro, que en efecto define esa cor escura e brillante de loiro, que viría definir ese dourado ou castaño claro.

Castaño: Eu non herdei o loiro do meu pai; son castaño, en extinción. A cor castaña vén da cor dese froito seco tan común en Galicia, polo que nalgúns contextos podería chamarse tamén louro. Entendo a confusión, nin eu mesmo sei de que cor teño o pelo que aínda non me encaneceu.

Moreno: Neste caso, o adxectivo é igual en galego ca en castelán. No caso do pelo define a cor negra ou castaña moi escura. En canto á pel, é unha forma ampla de referirse a tons escuros.

En resumo, en galego temos catro grandes grupos de cor de pelo: loiros ou louros; roxos ou rubios; castaños e morenos. Os dous primeiros adxectivos equivalen aos castelanismos rubio, pelirrojo/pelirroxo. Este campo semántico considero que é un dos máis danados da nosa lingua. Recuperalo non é doado. Hai tempo que veño propoñendo sen ningún altofalante que a TVG debería producir unha serie infantil cuxos personaxes levasen nomes das cores de noso para impedir que se perdan.

 

Publicado el por themurostimes | Deja un comentario